Opinión

Panamá requiere un Regulador de Telecomunicaciones que no sea parte de ASEP

Telecomunicaciones

Es un hecho conocido que los avances tecnológicos en materia de informática y comunicaciones han impactado diversos mercados, permitiendo la aparición de nuevos modelos de negocios, siendo el desarrollo de la Banda Ancha un factor clave para el éxito de las plataformas disruptivas.

Diferentes países de la región han entendido el rol fundamental de la tecnología en el desarrollo de la Sociedad de la Información y la Economía Digital de sus países, y en consecuencia han impulsado nuevas iniciativas para actualizar sus políticas públicas, con el objetivo de garantizar el acceso a la información, incentivar los mercados, aumentar la competitividad, fomentar la inversión privada y dar paso a la nueva digitalización.

Pese a que las comunicaciones son parte vital en el desarrollo tecnológico y un eje para la innovación, este sector, que en Panamá es Regulado por la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP), es normado por Leyes del siglo pasado. Si, la Ley 31 que regula las Telecomunicaciones en Panamá, es de 1996, y la que regula el sector de Radio y Televisión, la Ley 24 de Radiodifusión, es de 1999.

Este panorama quizás no parece crítico, pero para citar un ejemplo, nuestro hermano país Bolivariano, Colombia, actualizó su legislación de Telecomunicaciones en 2009 y la normativa de televisión ha tenido varias reformas, en 2015 con la creación del Régimen de Calidad para los servicios de televisión y la más reciente en 2018, cuando se reformó el servicio de Televisión por Suscripción (Cable, Satelital, etc.).

5G, Internet de las Cosas, Over The Top (OTT), Servicios Convergentes, son algunos de los nuevos conceptos que ha traído consigo el desarrollo de las telecomunicaciones, sin embargo, el Regulador del sector, no formó parte de la iniciativa Panamá Hub Digital (Decreto Ejecutivo 455 de 2018), incluso no tiene ningún representante en el recién creado Gabinete de Ciencia, Tecnología e Innovación (Recientemente instaurado por el Gobierno de Laurentino Cortizo).

Para dimensionar la importancia del Regulador, debo señalar que a través de éste se otorgaron las concesiones para los operadores móviles de telefonía celular (CWP, Telefónica, Claro y Digicel), se otorgan las canales de televisión, las frecuencias de radio, entre otros, todos pilares en el desarrollo del país.

En Panamá al igual que en otros países, el Regulador administra el espectro radioeléctrico, un recurso escaso del Estado, algo vital para la implementación de las nuevas tecnologías inalámbricas en los diversos mercados (Marítimo, Aeronáutico, etc.).

Nuestro país podría ser no solo el Hub de conectividad área de América, sino que podría convertirse en un Hub tecnológico, para ello, la separación de la Regulación de Telecomunicaciones de la ASEP, es una tarea necesaria para dar paso a un Regulador Convergente, con personalidad propia, que dicte políticas públicas, que tenga iniciativa legislativa y que ponga su atención en la Regulación de Mercados.

La regulación de las telecomunicaciones en Panamá, deben ser elevadas a Políticas de Estado, debido a su impacto en la economía del país, ya que los servicios de banda ancha y de telecomunicaciones en general generan aproximadamente 1,000 millones.

Los superpoderes del Administrador de ASEP

En Panamá, a diferencia de otro países, el Regulador de Telecomunicaciones tiene superpoderes, ya que las exigencias del puesto, le obligan prácticamente a ser un conocedor del tema eléctrico, agua potable y telecomunicaciones, sin que sus decisiones pasen por el aval de una Junta Directiva.

Es imposible que una persona pueda planificar, establecer políticas a corto, mediano y largo plazo; dirigir y fiscalizar un sector, cuando también debe hacer lo mismo con otros dos.

En este mismo sentido, un tema “álgido” en alguno de los sectores, requiere toda la atención del Administrador de ASEP, por lo que se pueden generar algunas desatenciones.

Es preocupante que las decisiones importantes de tres sectores, donde se ven involucrados recursos escasos del Estado, como es el espectro radioeléctrico, o temas relacionados a la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, así como también los temas vinculados al sector de agua potable y alcantarillado sanitario, sean tomados por un hombre con superpoderes. Solo este hecho es un gran foco de corrupción.

Mientras ASEP, la institución que carga con los sombreros de Electricidad, Agua Potable y Telecomunicaciones, no sea dividida en instituciones que regulen sectores de manera independiente, Panamá está destinada a ser presa de las iniciativas coyunturales de cada gobierno.

Un nuevo modelo regulatorio

El modelo de regulación de los servicios públicos ha cambiado, el enfoque debe orientarse al fortalecimiento de la atención al consumidor y en el caso particular de Panamá dividir la regulación de los sectores (electricidad, agua y telecomunicaciones), esto crearía nuevas sinergias operador-regulador para el caso específico del desarrollo del mercado de las telecomunicaciones y en consecuencia favorecería la inversión.

Pero, ¿Quién se atreverá a vencer a la bestia de tres cabezas?

El Autor es Ingeniero en Telecomunicaciones.

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